Informática en la lengua de Sor Juana, y de Shakira.

Mis apuntes de Pentesting.

Agradecer el rechazo

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Llevo tiempo buscando trabajo. Han pasado un par de meses en los que he diseñado y restructurado mi currículum, enviado solicitudes, recibido rechazos y silencios inquebrantables también. Pero el tema de esto no es la búsqueda, sino el rechazo.

Esta semana tuve una entrevista con la empresa “y”. Yo no apliqué. En realidad, RR.HH. me encontró por internet y me ofreció un puesto de ciberinteligencia nivel aprendiz. Por supuesto que yo me emocioné, pues, cuando comencé a aprender ciberseguridad, nunca imaginé que sería tan complicado encontrar puestos junior o trainee; y, aunque esta no fuera mi área de especialidad, pensé que la oportunidad podría ser una puerta de entrada al mundo profesional de la ciberseguridad y, tal vez, con un pelín de suerte y otro poco de esfuerzo, más adelante podría pivotar hacia las áreas que más me gustan.

Otra vez me salgo un poco del tema para comentar algo que ha sido común a la mayoría de entrevistas que he tenido: parece que los equipos especializados no ofrecen información suficiente sobre las candidaturas aceptables a los equipos de RR.HH., pues, muchas veces estos últimos no parecen tener claros los límites y responsabilidades de los puestos que ofrecen y, por tanto, tampoco pueden tener claro el perfil del postulante ideal. Tanto aspirantes como empresas no podemos exigir que RR.HH. sea especialista de todas las áreas, sin embargo, podemos apuntar a que existe un problema de comunicación entre los departamentos especializados y RR.HH.

Vuelvo al tema: con RR.HH. acordé la entrevista con el equipo técnico. Esta consistiría en, al menos, dos etapas: durante la primera, el equipo técnico se enfocaría en conocerme y también en indagar sobre mis aprendizajes; mientras que la segunda sería una breve entrevista técnica.

Llegó el frabulloso día. Me conecté a la entrevista. Ahí se encontraba la jefa de blue team, el jefe de área de ciberinteligencia y un coordinador de proyectos. Apenas al entrar, se lanzó la pregunta obligada por mi perfil, una que suena más o menos a esto: “¿qué haces aquí si estudiaste Literatura?”. Esa la tengo bien estudiada. Respondí como siempre (este tema merecería otro escrito) y añadí que mi formación en humanidades me dio bases sólidas en metodologías de la investigación, pensamiento lateral y crítico, y análisis sistemático, además, mis habilidades de comunicación me permiten mediar como una especie de traductor entre equipos técnicos y equipos no técnicos.

Luego, me preguntaron por mi formación en ciberseguridad. Les contesté con sinceridad: he dado mis pininos en la mayoría de áreas que abarca la ciberseguridad, pero, definitivamente la mayor parte de mi estudio lo he dedicado al pentesting y a forense digital. En este momento se arquearon un par de cejas.

No obstante, lo que definitivamente selló mi pasaporte laboral como “rechazado” fue cuando me preguntaron si estaba familiarizado con la protección de marca. Les dije que era posible que conociera el quehacer de la protección de marca, aunque no ubicaba el término específico. Apenas terminé de hablar, la jefa de blue team me dijo que no era el perfil que estaban buscando. También me dijo que seguramente me convertiría en un gran forense digital, que no parara de estudiar y que la empresa que me contratara estaría adquiriendo un gran talento. Noté, de repente, que el partido rozaba peligrosamente el minuto 90 y yo iba perdiendo por un gol.

Intenté un saque de meta de portería a portería, con la esperanza de que mi delantero lograra alcanzar el balonazo. Fue un esfuerzo desesperado: intenté recordarle a los entrevistadores que era un estudiante entregado y que mis habilidades de investigación serían de utilidad para la posición que buscaban. Era demasiado tarde: el balón volaba por la media cancha y el árbitro ya pitaba el final del partido, no hubo oportunidad para el delantero. La jefa de blue team me repitió que siguiera estudiando y que estaba segura de que mi talento encontraría un buen lugar. Agradecí que tomaran en cuenta mi perfil, que se tomaran el tiempo de escucharme y nos despedimos.

Un par de minutos después de cerrar la entrevista me di cuenta, por mera lógica, de que sí conocía -al menos por encima- la protección de marca. Hace no mucho escribí un pequeño artículo sobre la suplantación que hizo la página mercadomooda[.]com de la identidad de MercadoLibre. Me dieron ganas de gritar como el Tuca “¡Cagaaaaaaajo!”. Ni modote, así pasan las cosas cuando suceden.

El trago amargo me duró un par de horas. Pronto me di cuenta de que no había sido mi culpa y tampoco de la empresa. Fue una relación que no estaba destinada a ser: yo no soy lo que buscan y la empresa no es lo que yo necesito, por mucho que lo quiera. Así que, después de un cafecito, me sentí verdaderamente agradecido y, por ello, me daré el lujo de revelar el nombre de la jefa de blue team (pues, si lo llega a leer, ella sabrá quién es). Diana, agradezco que te hayas tomado el tiempo de entrevistarme, también agradezco lo que me dijiste al cerrar la entrevista, pero, sobre todo, agradezco enormemente que me hayas rechazado en ese momento, de forma directa.

Esto lo digo porque hace aproximadamente un mes tuve otra entrevista con la empresa “x” para un puesto distinto. Entré a un proceso exhaustivo que constaba de cuatro etapas: tres entrevistas y una prueba técnica. La primera entrevista fue con RR.HH. y me fue bien. La segunda fue con el jefe del área a la que me incorporaría, puedo considerar que me fue bien porque pasé el filtro. La tercera fue con el director general de la empresa y también considero que me fue bien. Tanto que al final, el director de la empresa me aseguró que pronto se pondrían en contacto para la prueba técnica y que pronto revisaríamos los detalles del contrato y la capacitación. Nos despedimos con amabilidad. Me quedé alegre de saber que pronto me incorporaría a sus filas. Dejé de enviar solicitudes a otras empresas y me senté a esperar una llamada, una que después de casi dos meses sigue sin llegar.

“No asco de ser ni pesadumbre de estar vivo:
      extrañeza
de hallarse aquí y ahora en esta hora tan muda.
Silencio en este bosque, en esta casa
a la mitad del bosque.
¿Se habrá acabado el mundo?”

“El silencio”, José Emilio Pacheco

Me gusta pensar, como Elastigirl en la primera película de Los increíbles, que la empresa “x” no me ha hablado porque todos están ocupados, están yendo por café “todos al mismo tiempo”. Tal vez dentro de uno, tres o veinte años, reciba el correo de “x” con la fecha de mi prueba técnica. Y tal vez conteste con alegría porque, al contrario del Coronel, al final sí tuve quién me escribiera. O tal vez les conteste lo mismo que la Penélope de Joan Manuel Serrat:

“Le sonrió
con los ojos llenitos de ayer.
No era así su cara ni su piel:
“Tú no eres quien yo espero…”

Y se quedó
con su bolso de piel marrón
y sus zapatitos de tacón
sentada en la estación

Penélope…”

“Penélope”, Joan Manuel Serrat

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